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Conocerse a sí mismo para vivir más feliz

Conocerse a sí mismo para vivir más feliz

Muchas veces escuche la propuesta de que es necesario conocerse a sí mismo, saber por qué es uno es de esta manera u otra, porque uno piensa de una manera u otra…pero es cierto que aunque la propuesta me resultaba interesante me preguntaba ¿qué había que hacer?  ¿Por dónde se empezaba? o ¿Cómo se hacía tal cosa?.

Es por eso que cuando escuche a alguien decir “el ser humano sufre”, esta simplicidad resonó en mí. Verdadera o falsa esa frase, a mí me pasaba y además le sucedía a todo el género humano.

A partir de ese momento sentí que  ya no era  el único  confundido,  angustiado  o desorientado.  ¡Qué  frase  tan simple y tan obvia!  Pero su importancia radicaba en el hecho  de que  a  mí me pasaba y no me había  dado  cuenta.  Me pasaba y además les pasaba a otros.

Además caí en cuenta que eso le pasa a gente que somos muy diferentes: católicos, musulmanes, negros, blancos, ricos, pobres….no importaba como eras, sino lo iguales que podemos ser las personas. La gente en general sufre por las mismas cosas, da igual donde vivan o como sean.

Cuando digo,  por ejemplo: Sufro porque estoy solo, o sufro porque no tengo trabajo, debo aceptar el  hecho  de que esa frase no dice absolutamente nada  sobre  mí mismo.   Más   bien,   interpreta   una  serie   de   sensaciones poco agradables que englobo como “sufrir”, atribuyéndolas al hecho de estar solo o de estar parado.  Para avanzar en la verdad de mí mismo,  la  frase debe quedar construida de esta forma: creo que sufro porque estoy solo o creo que sufro porque no tengo trabajo.

Esto me lleva a preguntarme qué me hace decir que  sufro.  Cuáles son las cosas internas que me pasan  y qué englobo con la  palabra “sufro”. Esta  descripción es diferente a decir: estoy solo. Esto último es la razón  que yo atribuyo al displacer que  experimento.  Pero  debo asumir  el hecho de que se trata de una interpretación de lo  que me  sucede,  interpretación  que  puede ser  correcta  o  no.  En cualquier caso,  es una interpretación de lo que me pasa y no  la descripción de lo que me pasa.

Es muy habitual que uno tenga una interpretación  de  todo lo que le sucede  y,  sin  embargo,  esa interpretación  no sirva para nada.  Por ejemplo,  no sirve  para dejar de estar solo,  si eso es lo que me preocupa.

La mayoría de las  veces,  esas interpretaciones son frases que he escuchado  a otros, a gente más inspirada que yo, o he leído en libros que – he creído –  dicen  verdades.  Pero  no me han  ayudado  a  conocerme internamente  y  el alivio que han producido, si han producido alguno, ha  sido  momentáneo  y  estático,   sin  dejarme   las herramientas   necesarias  para  avanzar  en  un  medio   siempre cambiante.

Para conocerse a sí mismo hay que partir del conocimiento de lo que “me pasa”.  Aquello que me pasa no puede ser encuadrado en categorías de  verdadero  o  falso,  bueno o malo.  “Me  pasa”,  y eso  es  lo fundamental.    Tampoco    es   conveniente   basarse   en    las interpretaciones que dan otros sobre lo que “me pasa”, sobre todo después de comprobar que son justamente esos otros los que menos toman en cuenta lo que “les pasa”.

Es necesario  acumular bastante información antes de  interpretar  o teorizar  sobre un fenómeno.    ¿Por  qué   el conocimiento del llamado  “sí  mismo” habría de ser menos riguroso?  Conocerse  a sí mismo parte del hecho de acumular información  sobre uno  mismo.  Escribir de manera detallada nuestra propia biografía es de gran ayuda para comprender más sobre nosotros mismos.

Si  mi  interés es conocerme,  no puedo hacerlo partiendo  de  un comportamiento humano abstracto descrito por otros y forzándome a reconocer eso en mi experiencia.

Si quiero conocerme, debo aprender a observar lo que me pasa y a diferenciarlo  de lo que “interpreto” que me pasa.  Observar  los puntos del cuerpo tensos,  la  forma  en  que respiro,  las imágenes que se me cruzan en la cabeza,  qué  cosas aumentan  mi tensión,  qué otras la disminuyen,  cuáles  son  mis pensamientos  y mis acciones en  distintas  circunstancias,  etc. Aquello  que  interpreto también es parte de mi observación,  y me doy cuenta  que  no puedo   dejar  de  interpretar,   pero  reconozco  que   es   una construcción de mi mente y no una verdad en sí.

Aprender  a observar lo que me pasa es aprender a vivir  cada vez mejor.  Diferenciar lo que me pasa de la  interpretación que hago de ello, es acercarse a la verdad interna.

No  estoy enunciando leyes de comportamiento cuando explico mi sufrimiento por mi padre que destruyó mi vida,  o  porque alguien me perjudicó,  o porque mi pareja me abandonó,  o  porque tengo poco dinero para vivir,  o  necesito una casa mejor.  Todas estas son cosas que creemos y nos movemos tratando de superarlas. Pero,  en  definitiva,  nada dicen de nosotros  mismos.

Vamos tras nuestra  felicidad  buscando conseguir  lo  que  suponemos  que nos aliviará el dolor y el sufrimiento. La mayor parte de las veces no lo logramos y si lo  hacemos,  descubrimos que eso que suponíamos que nos haría felices, no era suficiente  para  calmar nuestra inquietud. Pero bueno…es una buena manera de empezar a conocernos.

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